Convenio de Minamata: la tarea frente al mercurio continúa

Colombia es el país que más mercurio per cápita libera al ambiente en el mundo con 75 toneladas cada año. Si bien China e Indonesia nos llevan la delantera en cantidad, 445 y 145 toneladas anuales respectivamente, los riesgos en nuestro país son alarmantes teniendo en cuenta el tamaño de nuestra población. Aunque la cifra fue calculada antes del inicio de la prohibición de su uso en la minería, vigente por ley a partir de este año, demuestra por qué era tan urgente la ratificación del Convenio de Minamata.

Este instrumento nos permitirá aprovechar la experiencia, asesoría, capacitación, tecnología, recursos humanos, financieros y técnicos internacionales que son necesarios para hacer frente a la amenaza global del mercurio. Todo ello lo necesitamos con urgencia. El desafío no sólo consiste en eliminar el uso de este tóxico, un primer paso fundamental, sino saber qué hacer con las consecuencias de su contaminación.

En zonas donde la minería ha devastado el territorio las autoridades se empiezan a preguntar qué hacer con los depósitos de agua que han quedado de la actividad extractiva y que se presume están contaminados con mercurio. ¿Es mejor enterrarlos, aislarlos, recircular el agua hacia los ríos? La respuesta no está aún clara y requerimos del conocimiento internacional para trazar respuestas oportunas y que no terminen causando un daño mayor.

Además, se hace necesario empezar a entender qué ha sucedido con todo el mercurio liberado durante años. Diferentes estudios han demostrado que una parte ha terminado integrándose en la cadena alimenticia que llega al ser humano a través del consumo de pescado. Pero se desconoce cuál es la proporción de esta amenaza y si plantas y cultivos también podrían estar afectados.

Con este panorama es claro que a partir de la firma del Convenio comienza un enorme reto para las autoridades. Por un lado, deberán seguir haciendo frente a la explotación minera ilegal, que opera sin título minero ni licencia ambiental, y a la vez controlar el tráfico de mercurio ilegal, mucho del cual es distribuido desde Perú, proveniente de China. Al país llega principalmente por las vías de Nariño y Putumayo, donde comienza a ser entregado hacia los distritos mineros auríferos.

Otras acciones

Para ejercer un control adecuado del mercurio, se requiere una acción integral, efectiva y coordinada de la institucionalidad, tanto nacional, como regional y local. En el caso de las licencias ambientales relacionadas con minería, se calcula que faltan más de 170.000 mil millones de pesos anuales para hacer por lo menos una visita al año y verificar que se estén cumpliendo las obligaciones impuestas por la autoridad ambiental. Es vital resolver este déficit presupuestal.

Por su parte, el sistema de salud tiene la tarea de establecer lineamientos de actuación ante los casos de contaminación por mercurio. La magnitud de sus efectos tóxicos depende de la dosis recibida, la forma química del metal y la vía y el tipo de exposición, es decir, si es aguda, una sola vez, o crónica, prolongada. Establecer tratamientos adecuados para cada caso será una constante que las instituciones de salud deben estar preparadas para atender.

Complementario a la legislación nacional, a los instrumentos internacionales y al ejercicio efectivo de los controles por parte del Estado, la apuesta por alternativas productivas alternativas a la minería es indispensable para enfrentar el desafío del mercurio en el país. En la región Pacífica, por ejemplo, uno de los lugares más biodiversos del mundo, esta riqueza natural es una oportunidad que puede aprovecharse bajo criterios de sostenibilidad. Las fibras, las esencias, los extractos de plantas y el turismo son posibilidades que las familias tienen para obtener ingresos sin degradar su territorio.